Rozhin Razavi
PhD student, Romance Languages, The University of Alabama
Introducción
En su obra titulada Una casa lejos de casa. La escritura extranjera (2020), la autora argentina Clara Obligado relata su experiencia de exilio tras tres décadas. Fue desterrada de Argentina a España en 1976, durante la dictadura militar de su país, conocido como el Proceso de Reorganización Nacional.
El desplazamiento forzado, caracterizado por una acción no voluntaria e imprevista, puede conllevar consecuencias psíquicas significativas, tales como el trauma. Como lo expone Dominik LaCapra en su obra Writing History, Writing Trauma: “Trauma indicates a shattering break or cesura in experience which has belated effects” (118). En el ámbito de la migración o el exilio, el trauma se conceptualiza como la consecuencia de la pérdida no solo del territorio de origen, sino también de las estructuras familiares, la comunidad y la continuidad personal. La emigración forzada implica pérdidas emocionales y existenciales que presentan una considerable dificultad para ser superadas. En este contexto, el trauma se refiere tanto al impacto inicial del desplazamiento como a sus efectos persistentes, incluyendo la nostalgia, la pérdida de identidad y la inquietud por lo que se ha dejado atrás. Según LaCapra, la clave para lidiar con el trauma del exilio radica en distinguir entre “acting out” y “working through” (26).
El exilio y el trauma
Obligado, licenciada en Literatura, proviene de una familia de clase alta donde la lectura constituía un componente esencial de su cultura. Este valioso legado literario fue heredado de su padre y su abuelo, y la biblioteca en su hogar representó un elemento central durante su infancia. En una entrevista publicada por Adrián Ferrero, Obligado reconoció su herencia literaria: “Provengo de una familia dedicada a la literatura porque mi bisabuelo era Rafael Obligado, así que me crié entre libros, ya que teníamos parte de su biblioteca” (184). A pesar de la distancia de su Argentina natal, Obligado mantuvo su carrera como autora, superando numerosos obstáculos a lo largo de su trayectoria.
El tema del exilio, el viaje y el destierro se encuentra presente de manera recurrente en numerosas obras de Obligado, tales como Las otras vidas (2005) y El libro de los viajes equivocados (2011). En la introducción de esta última, la autora afirma: “Este ir y venir, esta espiral, es la historia de mis cuentos” (13). Entre sus publicaciones más destacadas se encuentra Una casa lejos de casa, un escrito narrativo cuyo género se encuentra entre el ensayo y la autobiografía. En esta obra, Obligado relata sus propias experiencias y los frutos de su exilio, al tiempo que reflexiona sobre diversos escritores que, al igual que ella, escribieron desde el desarraigo o el exilio.
Precisamente porque esta obra gira en torno al concepto de exilio, en este trabajo he optado por el término “exilio” en lugar de “emigración”, dado que, en su entrevista, la autora misma expresó: “Yo no decidí dejar la Argentina, no hubo nada de voluntario en mi viaje […] Creo que el término ‘exilio’ posee una carga de violencia política singular […] El exilio supone la imposibilidad de regresar al propio territorio porque la propia vida está en riesgo” (186). Esta distinción resulta fundamental, ya que enfatiza la naturaleza forzada y traumática de su exilio, mientras que la emigración connota una decisión voluntaria de desplazamiento. En relación con esta diferencia, en su libro afirma que “el emigrante tiene esperanzas con respecto al futuro; el exilado, en cambio, habita la nostalgia. La emigración supone proyectos y precariedad económica; el exilio, en cambio, es una especie de muerte en vida, aunque a veces transcurre sin mayores problemas económicos” (76).
Su destino, España, en la época posterior al régimen franquista, experimentaba nuevos momentos de democracia y una revitalización cultural, al tiempo que comenzaba a recibir inmigrantes de diversas regiones. La población española, sin embargo, no estaba culturalmente preparada para este fenómeno relativamente reciente. Históricamente, los inmigrantes argentinos han sido recibidos con mayor benevolencia en comparación con sus homólogos de otros países latinoamericanos. Como lo señala Nelson Danilo León en su artículo: “Argentinian immigrants then seemed to blend right into their new surroundings. In part, this was because of their desirable professional qualifications and their economic contributions to the new emerging neoliberal economic society” (29).
En 1976, la ascensión del dictador Jorge Rafael Videla al poder en Argentina desencadenó un significativo flujo de exiliados políticos, la mayoría de los cuales se asentaron en la España recién democratizada. En consecuencia, numerosos jóvenes argentinos pertenecientes a la generación de Obligado vivieron experiencias similares. Al tener el idioma común, inicialmente España parece el destino ideal para los hispanohablantes, pero en realidad planteó nuevos desafíos para los autores como ella, ya que debían encajar en el canon de la literatura española. Susanna Regazzoni observa que “Obligado escribe en su doble exilio como mujer y como desterrada, como persona desplazada, situada en los márgenes de un campo intelectual y literario dominado por los criterios de distinción y segregación masculinos” (236). La propia autora evoca esta situación en una entrevista: “En España, nadie me considera una escritora española y en mi país tampoco me ven como una autora argentina” (187).
De acuerdo con Regazzoni, la literatura emergente en España durante las últimas décadas, resultado del exilio y la diáspora de numerosos artistas no nacidos en el país, ha sido caracterizada de diversas maneras: “para unos críticos presenta características híbridas, transculturales, extraterritoriales, o se trata de una literatura desterritorializada, de la frontera o del exilio” (231). No obstante, Ferrero argumenta que Obligado interpreta esta categoría de manera distinta, sugiriendo la existencia de “una generación transparente, puesto que están, pero no se ven y se los excluye de la historia literaria nacional” (187). LaCapra argumenta que la exclusión representa un “historical loss” (48) que se disfraza bajo la retórica de una ausencia natural, es decir, la noción de que, al no ser españoles, no pertenecen al canon literario. Esta pérdida se asocia con un “founding trauma” (101) nacional que determina quiénes son incluidos y excluidos de la historia literaria.
La experiencia de la diáspora puede resultar particularmente amarga en sus etapas iniciales, tal como lo describe la autora: “No voy a hablar de los primeros tiempos del exilio, tardé treinta años en poder narrarlos, fueron como una vida que apenas si lograba mantenerse en pie” (49). La severidad de ese período fue tal que necesitó varias décadas para poder narrarlo. En su obra titulada Unclaimed Experience: Trauma, Narrative, and History, Cathy Caruth explora la evolución semántica del término “trauma”. Inicialmente, en la lengua griega, esta palabra designaba “an injury inflicted on a body” (p. 10). Posteriormente, adquirió una connotación específica en el ámbito médico y psiquiátrico, particularmente en los escritos de Sigmund Freud, donde se refiere a “a wound inflicted not upon the body but upon the mind” (10). Caruth argumenta que el trauma no se limita a un evento violento en sí mismo, sino que se manifiesta como el impacto diferido y recurrente de una experiencia que quedó atrás, sin haber sido plenamente experimentada o comprendida en el momento de su ocurrencia.
Acting Out en Una casa lejos de casa
La obra de Obligado ejemplifica los conceptos de acting out y working through, introducidos por LaCapra, a través de la división de sus capítulos. El libro se compone de dos secciones principales: “En casa” y “Lejos de casa”. En la primera, la autora narra su vida en Argentina, describiendo vívidos recuerdos de su infancia en Buenos Aires, su hogar, su familia y la ciudad. En contraste, la segunda sección explora cómo, a pesar de las adversidades, logró sobreponerse al trauma y concluye que esta experiencia, a pesar de su dureza, le ha brindado numerosos logros.
En la fase inicial, denominada acting out, el exiliado se encuentra incapacitado para procesar el dolor asociado con la diáspora, dado que este proceso implica la revivencia compulsiva de eventos traumáticos como si ocurrieran en el presente. Esta circunstancia impide al individuo comprometerse plenamente con el presente. En su obra, Obligado describe una existencia “en pausa” durante sus primeros años en España, afirmando: “En aquellos primeros años, me daba igual, no me planteaba quedarme, vivía una existencia en pausa. Regresar es el sueño de todo exilado” (54). Si bien físicamente se encontraba en España, una parte de su ser permanecía anclada en el pasado, lo que le impedía integrarse plenamente en el tiempo presente del país de acogida. El sentimiento de suspensión, descrito como “vivir fuera del tiempo y en el tiempo” (72), dificulta la integración del inmigrante en la comunidad. La incapacidad de vivir en el presente puede acarrear consecuencias graves, como lo explica LaCapra (2001). En el acting out, el sujeto permanece “possessed, however vicariously, by the past” y revive de forma reiterada sus escenas traumáticas, lo que puede llevarlo a ser “incapable of acting responsibly or behaving in an ethical manner” (29).
Dado que el exilio frecuentemente se presenta como un evento imprevisto, su afrontamiento puede resultar particularmente complejo. Caruth afirma que “the traumatic accident takes place too soon, too suddenly, too unexpectedly, to be fully grasped by consciousness” (114). En consecuencia, para Obligado, la experiencia inicial de este nuevo comienzo, mientras asimilaba este significativo cambio, fue de una intensidad considerable.
En una entrevista, Obligado describe la dificultad inicial con la metáfora de “cortarse un brazo y saber, de antemano, que nunca cicatrizará” (178). Al llegar a España, se encontró en una situación de aislamiento total, comparándola con “estar sola en el mundo” (186). Residía en una vivienda reducida, compartida con otros exiliados, y carecía de recursos económicos, atravesando un periodo que recuerda como “una larguísima noche” (188). LaCapra enfatiza que el trauma “disarticulates the self and creates holes in existence” (36), con efectos persistentes que “perhaps never fully mastered” (36), por lo que el proceso de duelo solo puede mitigar, pero no erradicar, el dolor.
Uno de los desafíos más significativos que enfrentó al llegar a España fue la precariedad laboral. Como lo expresa la autora: “Había pasado de ser una niña de educación francesa y universidad privada a una trabajadora extranjera” (53). Esta experiencia ilustra una realidad común entre muchos inmigrantes, quienes, al establecerse en el país de acogida, se ven relegados a empleos precarios que distan considerablemente de su formación académica o trayectoria profesional previa. Esta descalificación laboral no solo conlleva una pérdida económica, sino que también representa una fractura simbólica en la identidad del sujeto migrante.
Durante sus primeros años en Madrid, la autora compartía y reiteraba la experiencia del exilio con otros individuos en circunstancias similares. Ella misma relata este periodo en su obra, describiendo: “Reuniones con exilados, comités de solidaridad, pisos pequeños abarrotados por los que iban llegando, historias desoladoras, vidas rotas. Todos parecíamos más viejos, y las noticias que llegaban desde Argentina eran escalofriantes” (46). Estas escenas, según LaCapra, ilustran la propensión de las personas que han experimentado un trauma a permanecer atrapadas en la repetición de su vivencia. LaCapra argumenta que “This is very clear in the case of people who undergo a trauma. They have a tendency to relive the past, to be haunted by ghosts or even to exist in the present as if one were still fully in the past, with no distance from it” (89). En este contexto, las reuniones con otros inmigrantes y la recreación de los mismos recuerdos pueden interpretarse como un intento de procesar el dolor y la pérdida, o bien como una manifestación de la imposibilidad de separación que caracteriza la experiencia traumática.
La lengua como frontera y como herida
Uno de los principales desafíos que enfrenta Obligado es la lengua y la comunicación. Si bien comparte el castellano, la narradora percibe el español peninsular como una barrera: la desorienta, no comprende todas las expresiones y su acento la identifica como extranjera. Esta tensión entre el español de Argentina y el peninsular genera incomunicación, vergüenza y la sensación de tener que modificar o adaptar su lengua materna, que eventualmente se convierte en una lengua híbrida. Como señala Regazzoni, asumir esta situación implica: “Hay que destacar el trabajo que conlleva el deseo de evitar la contaminación de la lengua o, como suele suceder, aceptar un resultado mixto que termina por no ser ni español ni argentino o por ser los dos a la vez” (231). LaCapra también enfatiza el riesgo de convertir el trauma y la pérdida en “founding identities” (25) que otorgan un privilegio o una autoridad simbólica. Este fenómeno puede extenderse al lenguaje: el peligro de que el hablante exiliado absolutice un español argentino puro frente a una variante peninsular contaminante, o que, por el contrario, elimine su propio idiolecto para asimilarse.
Desde su llegada, la autora percibe la paradoja de compartir un idioma que, no obstante, no asegura la comunicación: “Al principio había tantos puntos en común, pero a la vez nada parecía semejante, como esa falsa proximidad del castellano” (52). Obligado resume esta distancia al afirmar: “No comprender lo que te dicen, aunque hables en el mismo idioma” (46). En otro pasaje, insiste: “Todo nos une. Todo, menos el idioma” (57). Caruth enfatiza que el trauma provoca una crisis específica de escucha e interlocución: la voz traumática emana desde un vacío entre el saber y el no saber, y exige un oyente capaz de recibir “the other’s story” que no es inmediatamente comprensible. La paradoja que subraya Obligado refleja esta estructura: compartir el español no garantiza la comprensión mutua, y el sujeto exiliado experimenta tanto la incomprensión como la necesidad de continuar comunicándose.
Al establecerse en España, Obligado se enfrenta a la necesidad de adaptar su léxico y sintaxis al español peninsular para asegurar una comunicación eficaz. Sin embargo, esta adaptación conlleva un conflicto identitario, ya que percibe una modificación o traición a su lengua materna. Ella misma describe este proceso de la siguiente manera: “Escribo traduciéndome a mí misma, de un castellano a otro. Es como si padeciera un bilingüismo simultáneo e incontrolable donde un país se solapa con el otro. Pensar cada término, elegirlo. Hablar al mismo tiempo en dos idiomas” (69). Para Obligado, la lengua constituye un componente fundamental de sus orígenes. A pesar de residir lejos de Argentina, anhela que sus hijas preserven ese vínculo lingüístico para evitar la ruptura de la cadena que las conecta con su pasado. Este deseo se manifiesta a través de un juego familiar: “Tenemos en casa un juego que nos es propio: el de los sinónimos. Digo ‘grifo’ y las niñas responden ‘canilla’” (90).
Con el transcurso del tiempo, este problema también experimenta una mitigación. Simultáneamente, la autora reconoce que esta distancia con respecto a su castellano materno le proporciona una perspectiva alternativa. Afirma: “La distancia que establezco con respecto a mi castellano natal me resulta cómoda; esta suerte de traducción que me aleja, de alguna manera, de mis emociones, me ayuda a reflexionar. Es como si estuviera sumergida en una versión subtitulada” (101). La descripción que realiza Obligado de traducirse a sí misma entre dos variantes del castellano, y de emplear dicha distancia para el pensamiento y la escritura, puede interpretarse como una forma lingüística de working through: el desplazamiento traumático del exilio persiste, pero la lengua híbrida se convierte en un espacio de reflexión y no en una mera repetición.
Working Through: Reconstrucción
El proceso de working through representa una fase en la cual el individuo, si bien no logra erradicar el trauma ni siquiera olvidarlo por completo, consigue establecer una distancia emocional con el dolor experimentado. LaCapra subraya que el working through no se traduce en “cierre, totalización, curación completa o dominio total” (90). Este fenómeno le permite mitigar el dolor, aceptarlo y reconstruir el sentido de vida tras un desplazamiento forzado.
La mera contemplación del título del libro permite prever el desenlace de esta búsqueda. Obligado, a pesar de la considerable distancia que la separa de su hogar en Buenos Aires, logra erigir una vivienda en España. Este acontecimiento demuestra que ella no ha perdido su conexión con Argentina, sino que ha logrado establecer un nuevo hogar y reafirmar su identidad en el país de acogida. A lo largo de la obra, la narradora reflexiona sobre su proceso de adaptación a la nueva realidad en España. Describe el considerable esfuerzo requerido para establecerse en el país extranjero y el desarrollo gradual de su autodefinición como expatriada. Según la autora, la condición del exiliado experimenta una transformación, llegando al punto de concebir “el exilio como identidad. La extranjería como patria. Sin sujetarme a la tierra, como el clavel del aire, enraizar” (76).
De acuerdo con LaCapra, el proceso de working through no es un tratamiento lineal, sino un proceso complejo y continuo que comprende múltiples etapas. En la primera etapa, el individuo establece una distancia con el acontecimiento traumático y reconoce que, si bien el trauma ocurrió y continúa impactando el presente, este último es distinto del pasado. El individuo traumatizado debería ser capaz de afirmar que “something as having happened back then which is related to, but not identical with, here and now” (48). En el caso de la experiencia de Obligado tras su estancia en Madrid, ella explora la ciudad con una nueva perspectiva: “La feroz nostalgia había dado paso a un sentimiento de curiosidad; podía mirar Madrid como si la estuviera inaugurando” (83). De esta manera, la autora ilustra cómo la toma de distancia le permitió abrirse a nuevas formas de habitar el presente.
La autora exiliada, reconociendo la imposibilidad de rechazar y resistir la situación actual en España, opta por aceptarla. Expresa esta decisión de manera explícita: “Había decidido no rechazar el país que me había tocado un poco por casualidad y observaba muchas formas de adaptarse; la más penosa era la sumisión” (67). El proceso de working through implica la adquisición de una cierta distancia crítica que permite a la víctima reconocer el acontecimiento traumático como un evento del pasado. “Yes, that happened to me back then. It was distressing, overwhelming; perhaps I can’t entirely disengage myself from it, but I’m existing here and now” (89), lo que facilita la reapertura del presente y la recuperación de la capacidad de adaptación.
LaCapra postula que el proceso de working through implica un duelo, el cual permite reconocer y conmemorar la pérdida sin quedar estancado en ella. El individuo en estado de exilio, especialmente en sus fases iniciales, experimenta una profunda sensación de aislamiento. No obstante, es innegable que esta experiencia de soledad puede eventualmente conducir a una existencia más enriquecedora. Para Obligado, el exilio representó una experiencia similar, y ella afirma: “Sucedió después de los adioses, las partidas […] después de esa nostalgia ambigua y oscura, sucedió que miré a mi alrededor y comprendí, por fin, que el dolor multiplica la vida […]” (110). En consecuencia, el testimonio de Obligado evidencia que el duelo transforma la pérdida en una fuerza vital que posibilita la adquisición de nuevas formas de sentido y pertenencia.
No obstante, no todas las experiencias durante working through se caracterizan por pérdidas. En este contexto, Obligado adopta una perspectiva menos pesimista, reconociendo que “no todo es pérdida cuando se cambia, también lo que se gana es mucho” (67). La escritora, al final, se siente satisfecha y contenta con su decisión, reconociendo que, por difícil que haya sido, le ha aportado mucho a su vida. “Si me hubiera quedado en Buenos Aires, es probable que no hubiera salvado la vida. Si no me hubiera tenido que marchar, no habría sido escritora […] Le debo al exilio esta mañana tranquila, este sol que entra por la ventana […]”. (107) En su análisis del propio exilio de Freud de Viena, Caruth enfatiza que la invasión alemana lo obliga a partir, pero que esta partida impuesta es posteriormente resignificada por Freud como una especie de libertad para escribir y para “die in freedom” (31), transformando la pérdida involuntaria en una postura voluntaria.
Conclusión
La narrativa de Clara Obligado sobre la experiencia del exilio evidencia la complejidad de un proceso caracterizado por la coexistencia de la pérdida y la potencialidad de reconstrucción. A partir de la distinción propuesta por LaCapra entre un estadio inicial de acting out y un posterior working through, resulta posible comprender cómo el desplazamiento forzado induce al sujeto a una repetición compulsiva del pasado, impidiéndole habitar plenamente el presente. Sin embargo, con el transcurso del tiempo, se abre la posibilidad de un proceso de elaboración que articula el trauma sin clausurarlo ni obliterarlo. Asimismo, la concepción del trauma como experiencia diferida, tal como la plantea Caruth, permite interpretar el exilio como una herida cuya verdad se revela plenamente en las narraciones posteriores. En su obra Una casa lejos de casa, Obligado transforma su dolor en una forma de conciencia crítica. Como la propia autora reconoce, el exilio puede propiciar la aparición de posibilidades insospechadas y conducir a un desarrollo personal que habría sido inalcanzable sin la ruptura inicial. Este proceso de transición genera, según la autora, un sentimiento de “dolorosa superioridad” (77), una compleja interacción entre el sufrimiento y la lucidez que caracteriza la experiencia del exiliado.
El testimonio de Obligado confirma que el trauma del exilio, si bien no se supera por completo, puede resignificarse y convertirse en un punto de apoyo para la reconstrucción de la propia existencia. Su afirmación, “La vida me ha quitado muchas cosas, y también me las ha dado” (108), sintetiza esta idea. El exilio, aunque impuesto y doloroso, se transforma en un espacio de creación, de identidad renovada y de afirmación vital. Su escritura demuestra que incluso las experiencias más devastadoras pueden contener un potencial de libertad que redefine la relación entre pérdida y posibilidad.
Obras citadas
Caruth, Cathy. Unclaimed experience: trauma, narrative, and history. The Johns Hopkins University Press, 2016.
Ferrero, Adrián. «Entrevista con Clara Obligado.» Confluencia: Revista Hispánica de Cultura y Literatura, vol. 31, n.2, 2016, pp. 184-193.
LaCapra, Dominick. Writing history, writing trauma. The Johns Hopkins University Press, 2001.
León, Nelson Danilo. «Children of the Motherland: The Otherization of Latin American Immigrants in Contemporary Spain» Rocky Mountain Review, vol. 73, 2019, pp. 27-41.
Obligado, Clara. Una casa lejos de casa. La escritura extranjera. Contrabando, 2020.
_____________. El libro de los viajes equivocados. Páginas de Espuma, 2011.
Regazzoni, Susanna. «Pérdidas y abandonos en Una casa lejos de casa. La escritura extranjera de Clara Obligado.» Oltreoceano: Rivista sulle migrazioni, vol. 23, 2024, pp. 229-237.