Pablo Enrique Martínez Mejía
Department of Hispanic Studies, University of Houston
En esta investigación propongo una relectura crítica de la obra y vida del escritor, periodista, y diplomático salvadoreño Gustavo Solano Guzmán (1886-1955). Conocido bajo el seudónimo literario, el Conde Gris, Solano es una figura clave y poco estudiada del nacionalismo literario y del exilio político centroamericano, mexicano y estadounidense en las primeras décadas del siglo XX. Su producción cultural se movió entre El Salvador, Guatemala, México, los Estados Unidos y Europa. Su vida estuvo marcada por la persecución política, la censura y la desterritorialización. A través del análisis de una de sus principales obras sobre la contranarrativa de la revolución, México glorioso y trágico (1928), argumento que desde el exilio, Solano construye un proyecto literario ético-político que articula la crítica hacia el autoritarismo, la nostalgia patriótica y la resistencia militante como pilares de una concepción transnacional de la nación.
En la historia de la literatura hispana de los Estados Unidos a inicios del siglo XX, se presenta una constelación de intelectuales que convierten la palabra escrita a un arma de denuncia, memoria y resistencia. Entre ellos, Gustavo ocupa un lugar singular. Conocido por su teatro satírico y espíritu rebelde, Solano denunció frontalmente al poder autoritario en varias de sus obras donde expuso los crímenes y abusos de dictadores como el mexicano Porfirio Díaz y el guatemalteco Manuel Estrada Cabrera. Estos actos de valentía le valieron encarcelamiento, censura y exilio, así como otros que lo declararon persona non grata en varios países. Lejos de ser silenciado, la persecución afiló su pluma y multiplicó sus registros del teatro político, el periodismo militante y la autobiografía.
Frente a lecturas que privilegian el carácter masculino, épico y revolucionario de su obra, el nacionalismo de Solano se articula sobre una matriz simbólica que funda el sentimiento patriótico—la nostalgia del exilio y la legitimidad moral de la militancia en la figura femenina. A partir de una observación profunda de sus obras mejor relacionadas con la revolución, demuestro que la mujer aparece en su obra como madre, amada, virgen y patria. Esta protagonista configura una constelación simbólica que convierte la nación en un objeto de amor y nostalgia. México glorioso y trágico busca desenmascarar el autoritarismo porfiriano, denunciar la violencia del Estado y proponer una política de verdad y conciencia crítica. Desde los Estados Unidos, Solano encarna la imagen del intelectual orgánico con el fusil en una mano y la pluma en la otra—dos actos de resistencia que son inseparables en su obra. Para Solano, la escritura no es solo representación, sino acto de resistencia, justicia y cronología.
Gustavo Solano nació en San Salvador, El Salvador, en 1886. Desde una edad temprana mostró inclinaciones literarias y periodísticas que lo llevarían a recorrer el continente americano en una trayectoria marcada tanto por la vocación intelectual como por el compromiso político. Como autodidacta, Solano se formó en la práctica periodística y en la lectura voraz de las corrientes literarias y filosóficas de su época. Su pensamiento dialoga con el modernismo dariano hasta el pensamiento militarista y el socialismo utópico. Durante el período de la segunda mitad de la década de 1910, participó directamente en el proceso revolucionario como propagandista. En 1916 fue encarcelado en la penitenciaria de la Ciudad de México—hecho que dejó una huella profunda en su poesía a raíz de sus actividades políticas y escritos contra el gobierno. En sus propias palabras, fue “recluido por venganzas personales del Ldo. Jesús Acuña, hotentote pasional, exministro de relaciones” (Composiciones 139). Lejos de aceptar la condena como derrota moral, Solano declaró que su propia conciencia era el juez que lo absolvía. En 1924 fue acusado de tráfico de armas, acusación que los archivos del Ministerio de relaciones Exteriores de México registran (Kanellos 55). Por lo tanto, considero que el perfil de Solano es, en sí mismo, un texto político: la vida como acto de resistencia, el exilio como condición permanente y la escritura como única patria estable. Su figura anticipa lo que Sophia McClennen ha descrito como el intelectual exiliado que, despojado del pasado y del presente de su nación, descubre que tiene más en común con otras culturas y naciones distintas: el transnacionalismo (46-47).
Para analizar la obra de Gustavo Solano desde una perspectiva que capture su complejidad política, histórica y estética, es necesario articular un marco teórico que dialogue con las principales categorías en juego: el exilio, la nación, la militancia literaria y la figura del intelectual comprometido. La primera pregunta que estructura este análisis es también la más fundamental: ¿qué es el exilio? La palabra evoca algo que ocurre en el pasado o en geografías remotas. Para quienes lo han vivido en carne propia, sin embargo, el exilio es una experiencia ontológica que redefine la relación del sujeto con el tiempo, el espacio y la identidad. En términos simbólicos, puede trazar su historia y los relatos bíblicos: la expulsión del Edén como metáfora fundacional de la separación del paraíso original, del hogar perdido e irrecuperable. Esta imagen—el paraíso perdido contemplado desde afuera, como el hijo de Adán y Eva que observa el jardín sin poder entrar—recorre la literatura del exilio con una persistencia que Solano también hace suya.
Kate Averis define el exilio como “a state of exclusion from an original home, which may be geographical, cultural, political, or linguistic, and which produces in the exiled subject a fundamental sense of loss and displacement” (3). Esta condición de exclusión produce lo que la crítica llama el destiempo: la experiencia de vivir fuera de la historia de la propia nación, en un tiempo suspendido que no es ni el del país abandonado ni el del país receptor. En el plano conceptual, el exilio se distingue de la migración. Mientras el migrante elige—o al menos negocia—su desplazamiento en función de expectativas económicas o sociales, el exiliado es expulsado, forzado a abandonar la patria por razones políticas y carga con esa expulsión como una herida que no cicatriza.
Hannah Arendt, en Los orígenes del totalitarismo, ofrece una reflexión fundamental sobre la condición del apátrida y el exiliado en el contexto moderno. Para Arendt, la pérdida de la ciudadanía y de la pertenencia nacional equivale a la pérdida del derecho a tener derechos—el exiliado queda fuera del orden jurídico y político que garantiza la humanidad plena del sujeto (296-298). Esta condición de exclusión radical resuena con fuerza en la trayectoria de Solano. Declarado persona non grata, encarcelado, acusado de traición y tráfico de armas, el escritor salvadoreño experimenta en su propia vida esa privación de los derechos que Arendt identifica como el núcleo del autoritarismo moderno. McClennen, por su parte, subraya dos actitudes fundamentales ante el exilio desde la perspectiva del escritor. La primera es la que percibe el exilio como una condición paralizante, una fuente de frustración que dificulta e incluso inhabilita la escritura; la segunda es la que convierte el alejamiento en una liberación, un espacio sin trabas desde el cual es posible escribir con mayor libertad y audacia (64-65). Solano habita ambas posibilidades. Su obra registra tanto el dolor y la amargura del destierro como la energía creativa que libera la distancia.
En Comunidades Imaginadas, Benedict Anderson propuso la definición más influyente de la nación en el pensamiento contemporáneo: la nación es una comunidad política imaginada como inherentemente limitada y soberana (23). Lo crucial de este concepto es el énfasis en la dimensión simbólica y narrativa de la nación. Esta no existe como entidad natural o étnica; es una construcción cultural que depende de relatos compartidos, de una memoria colectiva activamente producida y reproducida. Para Anderson, la prensa, la novela y el teatro son los medios privilegiados de esta producción narrativa de la nación. En el caso de Solano, que fue a la vez periodista, dramaturgo y poeta, esta intersección de medios resulta especialmente significativa.
Homi Bhabha complejiza y desestabiliza la noción sobre la nación al introducir el concepto del tercer espacio, en El lugar de la cultura. Este es un espacio de enunciación híbrido en el que las identidades nacionales y culturales se negocian, se contradicen y se transforman (58-59). Para Bhabha, el exiliado que ha perdido su patria y tampoco pertenece plenamente a México, habita ese tercer espacio—ni aquí ni allá, ni dentro ni fuera. Es el espacio de los no reconocidos, de quienes no tienen patria asignada y cuya existencia desequilibra el concepto mismo de la nación, el estado y la ciudadanía (218-219). Este desapego nacional implica negar, o al menos suspender, la identidad nacional en su forma convencional. Lo único que el exiliado retiene es el idioma, que se convierte en parte de la verdadera patria. Solano experimenta esta condición liminal de manera aguda.
Aunque no se ocupa directamente del exilio, Michel Foucault, ofrece herramientas indispensables para analizar la relación entre escritura, poder y resistencia. Su noción del discurso como práctica que produce y regula la realidad social—desarrollada en obras como El orden del discurso (1970) y Vigilar y castigar (1975)—permite comprender la literatura de Solano no solo como expresión subjetiva del dolor personal, sino como intervención en las estructuras de poder. De esta manera, México glorioso y trágico es una práctica discursiva que resiste los mecanismos de abuso del porfirismo. La censura, el encarcelamiento y la declaración de persona non grata son formas del poder disciplinario que el escritor enfrenta produciendo contrarrelatos. Estas son versiones alternativas de la historia que el régimen busca suprimir (Vigilar 165). En México glorioso y trágico, Solano se esfuerza por recuperar esa voz, por testimoniar desde una posición de vulnerabilidad sin asumir la postura de la víctima pasiva.
Antonio Gramsci desarrolló el concepto del intelectual orgánico. Este surge de una clase social determinada y trabaja activamente para articular, difundir y defender los intereses de esa clase en el campo cultural e ideológico (9-10). A diferencia del intelectual tradicional, que se presenta como autónomo y desvinculado de los intereses de la clase, el intelectual orgánico reconoce su posición y la convierte en el fundamento de su praxis. En el contexto de la escritura hispana de los Estados Unidos, varios escritores—entre ellos Solano, también los hermanos Flores Magón, las hermanas Villarreal y Blanca de Moncaleano—funcionan como intelectuales orgánicos de la clase trabajadora. Su escritura no es un ornamento cultural, sino una praxis política entrelazada con la lucha social.
En «¿Qué es la literatura?», Jean-Paul Sartre formuló el concepto de la littérature engagée o literatura comprometida según el cual el escritor no puede ser pasivo. Debe asumir una responsabilidad ética y política sobre su tiempo, utilizando su obra como una herramienta para la transformación social (12-15). Para Sartre, el escritor comprometido es, ante todo, un agente de transmisión de una forma de pensar, de una ideología o de una manera de organizar el mundo. La literatura militante busca defender causas fundamentales como la equidad, la libertad, la justicia y los derechos humanos. Aborda estas problemáticas con urgencia y sus palabras tienen consecuencias materiales. Esta definición se aplica a Solano, cuya obra atraviesa distintos géneros y registros precisamente porque la urgencia de su compromiso político excede los límites de cualquier forma literaria individual. Para Solano, la escritura no responde únicamente a una búsqueda estética, sino a una necesidad histórica de denuncia, intervención y memoria.
En la obra de Solano, la literatura popular se convierte en una forma de memoria insurgente que legitima la rebelión y construye modelos de heroísmo. La afirmación de la identidad colectiva mediante la narración oral responde a lo que Anderson denomina el proceso de imaginación de la comunidad nacional (67-68). Por su participación en la Revolución Mexicana y como figura transnacional, su obra supera esos límites geográficos para cumplir el propósito político de sus comunicados. De acuerdo con Foucault, estas proclamas constituyen contrarrelatos que desafían la narrativa hegemónica del estado; produciendo un discurso alternativo desde los márgenes de poder (El orden 25).
Desde el pensamiento de Gramsci, como reflejo de la clase obrera, México glorioso y trágico también incluye a los campesinos desde una clase que maquina y produce simultáneamente (15-17). Aquí, la militancia no es metáfora; es una praxis en la que la acción colectiva se vuelve central. Este es un método que emplea Solano en esta obra de teatro. Solano transforma la literatura y el periodismo en un dispositivo transnacional que circula ideas, convoca al pueblo y produce solidaridad. Sus discursos militantes se divulgan a través de manifiestos que acompañan el movimiento armado y lo sostienen ideológicamente. Por esencia, Solano está comprometido con esta labor multifacética: denunciar la opresión, movilizar a sus lectores y transformar la escritura en un instrumento de guerra.
Publicada en Los Ángeles en 1928 bajo el sello editorial del propio Solano y con el respaldo de su trabajo en el Heraldo de México, México glorioso y trágico es la obra en la que Solano aborda de manera más sistemática el proceso histórico de la Revolución Mexicana. El texto, clasificado por el mismo periódico en 1926 como una obra de tendencias socialistas, detalla las batallas, traiciones y luchas políticas ocurridas entre 1910 y 1920. Este es un período crucial en la historia de México con figuras centrales como Francisco Madero, Victoriano Huerta, Venustiano Carranza, Pancho Villa y Álvaro Obregón.
Como en la gran mayoría de sus trabajos, la obra es un testimonio del compromiso de Solano con la preservación de la memoria histórica de los hispanos en los Estados Unidos. Producida en el contexto de la diáspora mexicana en Los Ángeles, México glorioso y trágico cumple una función análoga a la que Anderson atribuye a la novela nacional: produce una narrativa compartida que permite a la comunidad dispersa imaginarse como unidad coherente con una historia y un destino comunes (30-36). La personificación de la patria como personaje central actúa como brújula moral y voz de la razón—instándo a los líderes a actuar en beneficio de la nación antes que sus propias ambiciones.
La crítica a la influencia clerical, el fanatismo religioso y la oposición de la iglesia a los ideales revolucionarios—encarnados en el personaje Juan Escapulario, manipulado por la iglesia hasta cometer asesinatos en nombre de la religión—sitúa la obra en la tradición del anticlericalismo liberal. El rechazo de toda autoridad impuesta, incluyendo la religiosa, es uno de los pilares del pensamiento antiestático y anticlerical que define la praxis literaria de Solano. Al mismo tiempo, la obra enfatiza la importancia de las libertades civiles, la democracia y el anticlericalismo como condiciones indispensables para la construcción de una nación absuelta de los pecados de la iglesia.
Las reflexiones sobre el patriotismo, el sacrificio y el heroísmo en tiempos de crisis que recorren México glorioso y trágico se articulan en torno a la pregunta que Solano hereda de la tradición de exilio hispano: ¿qué se le debe a la patria y cómo se le sirve mejor, desde adentro o desde afuera? La respuesta parece ser de ambas formas. McClennen indica que los autores exiliados en el cosmopolitismo del café bohemio descubren frecuentemente que tienen más en común con otras naciones distintas que con los compatriotas que permanecieron en casa, produciendo así un internacionalismo que no cancela sino que transforma el nacionalismo originario (48-50). Solano abraza esta tensión de manera ejemplar. Su amor por México, por Guatemala, por El Salvador y por América Latina es el del exilio que construye la patria desde afuera, que la define y la defiende por ser parte de su visión transnacionalista.
A lo largo del análisis de esta obra principal de Solano, he podido observar la persistencia simbólica que organiza su concepto de la nación: la identificación entre mujer y patria, amor romántico y amor patriótico, paraíso perdido y tierra desamparada. Esta caracterización es el fundamento simbólico sobre el cual Solano construye su discurso de una nación pura y celestial. Una de las configuraciones sobre la nación la renueva desde el imaginario bíblico del huerto del Edén para situarla en el espacio mítico del Monte Olimpo.
Al leer la obra de Solano a través del concepto de la comunidad imaginada de Anderson, encontramos una nación que se construye entre las tradiciones grecorromanas y la experiencia compartida entre los Estados Unidos, México y Centroamérica (Anderson 23). Sin embargo, esta comunidad no es únicamente cultural o geográfica; para Solano, solo puede existir sobre una tierra depurada de pecadores y traidores, a quienes vincula simbólicamente con la figura de Judas. A esto se suma otra dimensión reveladora: su visión de una nación idílica anclada en lo teológico. Partiendo de una premisa humanista según la cual ha caído de la gracia divina, Solano construye una alegoría en la que la patria actúa como diosa, el pueblo como su hijo y la nación como el espíritu que los une. Desde esa ideología trinitaria, purificar el país de todo mal e iniquidad no es solo una aspiración política, sino una misión sagrada.
Esta dimensión afectiva de la nación conecta México glorioso y trágico con la metáfora del paraíso perdido que recorre la literatura del exilio. El jardín del Edén del que Adán y Eva fueron expulsados es el episodio que el exiliado experimenta. El hogar del que fue arrancado por la violencia del poder es al que no puede regresar y al que no puede olvidar. Homi Bhabha abre “DissemiNation” desde la experiencia compartida del destierro de la siguiente manera:
I have lived that moment of the scattering of the people that in other times and in other
places, in the nations of others, becomes a time of gathering. Gatherings of exiles and
émigrés and refugees, gathering on the edge of foreign cultures; gathering at the frontiers;
gatherings in the ghettos or cafes of city centres; gathering in the half-life, half-light of
foreign tongues, or in the uncanny influence of another’s language… (291).
Aquí la nostalgia del paraíso no es solo una emoción personal sino una postura política. Decir que la patria era un paraíso antes que el tirano la corrompiera es en sí una forma de resistencia y un acto de memoria que niega la legitimidad del orden del presente. Solano utiliza este argumento en México glorioso y trágico con plena conciencia de su potencia política. Recuperar este paraíso edénico donde dejó una nación inspirada en la figura materna y el pueblo como sus hijos es el proyecto que vigoriza esta obra.
La agonía del destierro y del insulto a su persona e identidad lleva a Solano a utilizar su poder creativo para plantear las consecuencias de los hechos que testificó. México glorioso y trágico nos presenta una lista de quejas y eventos, de injusticias padecidas y crímenes presenciados. Empero, la forma de presentar esos hechos dentro de su contexto artístico le confiere el impacto que la simple crónica periodística no alcanzaría. Esta obra revolucionaria opera, en el sentido que Bhabha expresa como una contra narrativa: “Counter-narratives of the nation that continually evoke and erase its totalizing boundaries—both actual and conceptual—disturb those ideological manoeuvres through which ‘imagined communities’ are given essentialist identities” (DissemiNation 300). El odio y la muerte son los enemigos de la nación que Solano nombra y combate con cada página; el amor y la memoria son las armas con las que los enfrenta.
Lo que separa a Solano de sus contemporáneos más conocidos es su condición de figura liminal. Es centroamericano, es mexicano, pero se inscribe sobre todo en el contexto estadounidense. Habita estos espacios simultáneamente y produce una obra que puede ser apropiada por cualquiera de estas tradiciones nacionales. En lo que concierne al lugar de la cultura para Bhabha, Solano es el habitante de un tercer espacio. Su identidad cultural es diversa. Este multiculturalismo le permite ver las estructuras de poder que pretenden fijar las identidades nacionales (54-55). Su transnacionalismo no es la negación de una sola nación, sino una transición hacia el norte. Por consiguiente, la nación no es un territorio cerrado, sino un espacio sin fronteras, conformado por comunidades arraigadas en los mismos valores. Dios, unión y libertad, lema de Solano, trasciende los límites fronterizos y quien promueve en México glorioso y trágico.
Para concluir, he intentado demostrar que la obra contranarrativa y militante de Gustavo Solano, el Conde Gris, merece una reconsideración que la instale en su lugar correspondiente dentro de la tradición literaria hispana de los Estados Unidos. México glorioso y trágico aborda no solo el sufrimiento, la angustia, la nostalgia, el destiempo y la desterritorialización del exilio, sino una crítica audaz al régimen opresor porfirista. El contenido de esta obra es invaluable para quienes quieran analizarla y disfrutarla. Solano utiliza los espacios y la prensa para hacer un llamado patriótico, de lucha, armas y libertad para deshacerse de los malos gobernantes de la patria. En Recovering the U.S. Hispanic Literary Heritage, Gabriela Baeza afirma que “The contact zones that were generated via the newspaper formulated a decolonized ‘third space’… many also disclose the violence and displacement that is often present in the words within a colonial atmosphere” (vii-viii). De esta forma, Solano descoloniza el paraíso edénico en la obra presentada en este estudio. Con el cañón de la pluma renueva la nación en la figura materna y en el pueblo de hijos. Como parte de una tradición que no ha muerto y que sigue evolucionando, Solano nos recuerda que la escritura es un acto político de resistencia ante la hegemonía y el patriarcado. México glorioso y trágico es una declaración de sus convicciones, de lo que ama y de lo que está dispuesto a morir.
Bibliografía
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Solano, Gustavo. Composiciones escogidas. Talleres Artes Gráficas Cruz Gálvez, 1923.
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