Michel A. Caicedo Martínez
The University of Alabama
En la sociedad española del siglo XVI, el honor ocupaba un lugar central, definido por el linaje, las virtudes y el cumplimiento de estrictas normas de etiqueta, como lo describen Baldassare Castiglione en El Cortesano y Giovanni Della Casa en Galateo. La nobleza, según estos autores, no solo exigía un linaje impecable, sino también modales refinados y un comportamiento intachable que reflejara valores morales superiores. Este ideal, que debía sostenerse como un modelo de excelencia, evolucionó con el tiempo, mostrando fisuras que dejaban entrever la hipocresía y las tensiones entre la apariencia y la realidad.
Esta noción de honor, cuidadosamente construida y mantenida, no solo fue una característica distintiva del Renacimiento, sino que sigue vigente, aunque adaptada, en sociedades modernas obsesionadas con el estatus y la apariencia. ¿Qué sucede, entonces, cuando esta fachada de perfección comienza a desmoronarse? Abordaremos esta cuestión tomando como punto de partida el Tratado III de La vida de Lazarillo de Tormes, con un enfoque en el escudero, el tercer amo de Lázaro. El análisis del escudero se complementará con un caso contemporáneo documentado en 2018 por Jessica Pressler en el artículo Maybe She Had So Much Money She Just Lost Track of It, que narra la historia de Anna “Delvey” Sorokin, una joven que se presentó como una rica heredera alemana para infiltrarse en la élite social de Nueva York. Al comparar estos dos casos separados por siglos, exploraremos cómo la obsesión por la apariencia trasciende épocas, que según Wardropper, refleja una lucha constante entre el “ser y el parecer” (446).
La nobleza del Cortesano y el Galateo
Comenzaremos con las ideas planteadas por Castiglione en su tratado El Cortesano del año 1528. En primer lugar, el autor afirma que un noble debe ser “de buen linaje” (76), ya que la sangre es un factor determinante, aquellos de baja cuna carecen “del deseo de la honra y del temor de la deshonra” (76). Además, el noble ideal debe contar con “el favor de la influencia de los cielos” (79), poseer un buen ingenio y ser un “gentil hombre de rostro y de buena disposición de cuerpo”, alcanzando así “una cierta gracia en su gesto” (79), se trata de un noble perfecto, agraciado no solo por la divina providencia, sino también admirado por todos (79).
Complementando estas ideas, Xabier Granja Ibarreche señala que Castiglione enfatiza a lo largo de su obra la necesidad de que el cortesano abrace un comportamiento moral constante, de modo que su gracia natural sea reflejada en todos sus actos (233). De este manera, el modelo del cortesano ideal integra atributos físicos, intelectuales y éticos que lo posicionan como un referente de excelencia en la sociedad renacentista.
Todas estas características conforman un modelo que debía sostenerse en la sociedad de la época, aunque con el paso del tiempo sufrió adaptaciones. Para 1558, Della Casa revisa y ajusta ligeramente el ideal de nobleza presentado por Castiglione, ofreciendo en su Galateo una perspectiva más centrada en los modales y la conducta. Della Casa subraya la importancia de “templar y ordenar tus modales” (143), lo que implica evitar malas costumbres y adoptar un comportamiento refinado. Además, detalla normas sobre el comportamiento en la mesa y destaca la necesidad de una vestimenta adecuada, “todo el mundo debe ir bien vestido, según su condición y según su edad… y no sólo es importante que la vestimenta sea de finos paños, sino también que el hombre se esfuerce en avenirse cuanto pueda a la costumbre de los demás ciudadanos y amoldarse a sus usos” (152).
Mientras Castiglione privilegiaba el estatus y el linaje como rasgos fundamentales de la nobleza, Della Casa enfatiza la educación y los modales como reflejo del estatus noble. Según Granja Ibarreche, Della Casa reconoce que, aunque las acciones honorables son esenciales para mantenerse en el camino moral, ser de alta cuna pierde relevancia frente a la conducta amable, la cual se convierte en un requisito indispensable para ingresar a la élite (235).
Cuestión de honor
Bajo esta noción de nobleza presentada por Castiglione y Della Casa, nos proponemos analizar al personaje del escudero, el tercer amo del joven Lázaro. El escudero aparentemente noble en principio parece ser la solución a las penurias que Lázaro estaba padeciendo. Al acogerlo, el escudero insinúa que su encuentro es una obra divina, diciéndole “que Dios te ha hecho merced en topar comigo [sic]. Alguna buena oración rezaste hoy” (Anónimo 21). Sin embargo, a medida que avanza el día, Lázaro comienza a descubrir la verdadera naturaleza del escudero, pasa mucho tiempo en la iglesia, vive en una casa vacía, come muy poco, y toda su vida parece ser una fachada de apariencias. De hecho, “cierra la puerta con llave” (Anónimo 24) no por seguridad, sino para mantener la ilusión de tener algo que proteger.
Como señala Weiner, “por la boca del propio escudero y su contacto con él, Lázaro llega a saber mucho de su vida: de dónde viene, por qué está en Toledo y las apariencias en las cuales el escudero se envuelve y se protege” (419), aunque esta actitud puede parecer extrema, especialmente porque “Lázaro no entiende la ‘honra’ del escudero; le parece absurda” (Sabat de Rivers 241). Es evidente que, para el escudero, el honor es un valor esencial que guía su comportamiento. Veremos cómo los modelos de Castiglione y Della Casa son usados en este aparente honor que posee el escudero de forma social pero la realidad solo la ve quien habita con él.
Weiner señala que “el autor presenta a un escudero que se deja llevar por la fuerza de la honra, la cual no le permite hacer trabajo manual y le obliga a vivir en un mundo de apariencias” (419). Este mundo de apariencias funciona como un mecanismo de camuflaje social, donde los individuos intentan ocultar sus carencias tras una fachada cuidadosamente construida. Sin embargo, este comportamiento refleja un patrón que se ha ido transformando a lo largo de los siglos, evidenciando cómo los principios de honor que alguna vez se percibían como inquebrantables han ido degradándose. En este sentido, la línea que separaba al noble ideal, tal como lo describía Castiglione como el “perfecto cortesano” (24), se ha desdibujado con el paso del tiempo.
Granja Ibarreche explica que el transcurso del tiempo ha jugado un papel crucial en la adulteración de esta imagen tradicional de la nobleza:
The eighteenth century commenced with increasingly adulterated noble values that shaped nobility into a ‘nebulosa social, de confusos bordes y de difícil estructuración interna’ (Soria Mesa 37) after decades in which all sorts of individuals, noble or ignoble, moral or immoral, managed to become part of the elite to improve their living conditions. Spain inaugurated its eighteenth century with a group of noblemen who… predominantly lacked the traditional cultural, political and religious virtues to cement their distinct morally superior identity (242).
Esta observación resalta cómo, incluso en el presente, el ideal de nobleza sigue siendo tergiversado y adaptado. Esto se refleja en personajes como el escudero, quienes construyen su identidad sobre ilusiones para alcanzar un estatus social al que no pueden aspirar en términos reales. Un ejemplo contemporáneo de este fenómeno es el caso documentado por Jessica Pressler en Maybe She Had So Much Money She Just Lost Track of It de 2018, que relata la historia de Anna Delvey, una joven que fingió ser una rica heredera alemana para infiltrarse en la élite de la sociedad Neoyorquina. Tanto en el siglo XVI como en la actualidad, estos casos demuestran que las apariencias pueden ser un recurso poderoso, pero también un arma de doble filo cuando las mentiras quedan al descubierto.
En su crónica, Pressler describe a Anna como alguien que “had long been a figure on the New York social scene… it was unclear where exactly Anna came from — she told people she was from Cologne, but her German wasn’t very good — or what the source of her wealth was. But that wasn’t unusual”, Delvey mantenía la ilusión de riqueza repartiendo dinero en efectivo y haciendo que otros pagaran sus cuentas, siempre prometiendo que les devolvería el dinero. Sin embargo, para algunos de sus allegados, esta fachada comenzó a desmoronarse, como fue el caso de una empleada de hotel quien se hizo amiga de Anna y tuvo que pagar una de las muchas cenas que compartieron. Según Pressler, “Anna was having cash-flow issues of her own… at the end of the meal, Anna’s card was declined”. Este evento marcó el principio del fin de la imagen honorable que su amiga tenía sobre Anna.
El escudero y Anna Delvey comparten una vida de apariencias que oculta su verdadera situación de precariedad. Como señala Weiner, el escudero se ve forzado a “dar la impresión de que come cuando en realidad no come y que viste bien cuando no dispone de medios económicos para comprar traje” (419), viviendo de ilusiones para mantener su honor frente a la sociedad. De manera similar, Pressler describe a Delvey como que “Anna was effectively homeless, wandering the streets in threadbare Alexander Wang sportswear”, proyectando una imagen de lujo mientras en realidad carecía de recursos.
Ambos personajes intentan desesperadamente mantener la fachada de estatus y riqueza, aunque la verdad es que, como dice el Lazarillo sobre el escudero, “este… es pobre y nadie da lo que no tiene” (Anónimo 27). La miseria los obliga a actuar como si tuvieran lo que les falta, mostrando cómo las apariencias pueden ser un escudo frágil contra la realidad de la pobreza y la falta de honor. Es contradictorio a la vez porque en su búsqueda del honor y la aceptación, se convierten en aquello que la sociedad rechaza, su búsqueda se vuelve inherentemente desequilibrada, ya que el balance es algo importante en esta sociedad, estos están centrados solamente en un aspecto de lo que valora la sociedad (apariencia, honor), sacrificando el resto. Este desequilibrio es lo que al final es insostenible, trayéndoles su caída.
Al igual que el escudero, Anna Delvey enfrenta crecientes dificultades para mantener su estatus, ambos atrapados en un mundo de apariencias. Como señala Wardropper, la base de su honor “no es más que una apariencia” (444). Aunque “Anna did seem to be a popular ‘woman about town’ who knew everyone” (Pressler), su vida estaba construida sobre mentiras. De manera similar, el escudero desfilaba por la iglesia con una capa fina, proyectando una imagen de nobleza, cuando en realidad “es un vanidoso sin dinero” (Wardropper 446). Se creía superior a los demás, incluso diciendo “caballeros de media talla, también me ruegan; mas servir con estos es gran trabajo” (Anónimo 30), dando a entender que mantener la ilusión de honor le impedía trabajar para otros.
Durante una procesión fúnebre, Lázaro escucha cómo describen el lugar al que llevan al difunto como “¡la casa lóbrega y obscura, a la casa triste y desdichada, a la casa donde nunca comen ni beben!” (Anónimo 28), lo cual le lleva a comentar que están describiendo la casa de su amo. Lázaro se da cuenta de que su futuro con él no es prometedor, de la misma manera en que Anna Delvey se enfrenta a la rápida caída de su mundo en Nueva York, para ella “things were rapidly deteriorating” (Pressler). Las mentiras, inevitablemente, llegan a un punto de no retorno, causando un cambio drástico en el entorno y en las personas a su alrededor.
La gran revelación
Cuando estos personajes, cuya nobleza es solo fachada, comienzan a involucrar a algunos elementos que punzan sus frágiles engaños, es cuando sus máscaras empiezan a desmoronarse y rápidamente se caen. El escudero es descubierto cuando “el hombre le pide el alquiler de la casa y la vieja el de la cama… Mas su salida fue sin vuelta. Por manera que a la tarde ellos volvieron, mas fue tarde” (Anónimo 30). Anna Delvey, por su parte, “she screwed basically everyone” (Pressler). Y cuando ya no tienen con quién jugar para mantener las apariencias, la verdad sale a la luz, revelando la mentira sostenida desde el principio.
El escudero quiere mantener en todo momento su apariencia, “solamente te encomiendo no sepan que vives comigo [sic], por lo que toca a mi honra, aunque bien creo que será secreto, según lo poco que en este pueblo soy conocido” (Anónimo 25) revela su obsesión por proteger su honra, incluso en un contexto donde su reputación es prácticamente inexistente. Este deseo de ocultar su pobreza tras una fachada de respeto social expone la paradoja de su situación, su honra, lejos de ser un reflejo de virtudes internas, depende enteramente de las apariencias externas.
La angustia del escudero por mantener este secreto subraya la presión social que lo obliga a vivir según las normas de un modelo de nobleza degradado (Granja Ibarreche 242). Este temor también lo aísla, reforzando la idea planteada por Wardropper de que en este mundo “todo es hipocresía” (446). La necesidad de aparentar, incluso en un entorno donde no hay nadie para juzgarlo, ilustra hasta qué punto las estructuras sociales moldean la identidad personal, perpetuando una desconexión entre el ser y el parecer que no solo define al escudero, sino también a los individuos atrapados en dinámicas similares en contextos modernos. Individuos como Anna Delvey, por ejemplo, que se aferraba a la ilusión de ser una rica heredera alemana incluso cuando su círculo más cercano comenzaba a cuestionarla.
Este tipo de comportamientos comprometen el honor y los valores de los personajes, quienes buscan ser parte de una sociedad que los desechará si no cumplen con sus expectativas. Lázaro relata que, tras la desaparición de su amo, “ellos me preguntaron por él y díjele que no sabía adónde estaba… y pensaba que de mí y de ellos se había ido con el trueco… y entran a embargar la hacienda de mi amo hasta ser pagados de su deuda” (Anónimo 31). En el caso ficticio del escudero, podría parecer que logró huir para comenzar de nuevo, pero en la vida real, las acciones tienen consecuencias. Como señala Pressler en su crónica, Anna terminó pagando el precio de sus engaños: “Wannabe Socialite Busted for Skipping Out on Pricey Hotel Bills”. De esta manera es revelada la verdadera identidad, ya no es más Anna Delvey, ahora es Anna Sorokin, nacida en Rusia, quien vivió en Alemania desde temprana edad, es aquí donde se explica la razón de por qué su supuesta lengua materna, el alemán, no era tan buena.
Anna afirmó en una ocasión que “money, like, there’s an unlimited amount of capital in the world… but there’s limited amounts of people who are talented” (Pressler), una declaración que refleja su percepción de sí misma como alguien excepcional, capaz de manipular la realidad a su favor. Al igual que el escudero, Anna poseía un talento nato para el engaño, construyendo una fachada de riqueza y honor que ocultaba su verdadera condición. Ambos comparten la habilidad de proyectar una imagen ilusoria de éxito y nobleza, pero detrás de esa máscara se encuentran como lo describe el pasaje bíblico, “porque tú dices: Yo soy rico, y me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad; y no sabes que tú eres un desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo” (RVR60, Ap. 3:17). Esta conexión entre Anna y el escudero pone en evidencia cómo la falsa apariencia de grandeza no solo engaña a quienes los rodean, sino también a ellos mismos, perpetuando un ciclo de autoengaño y vacío moral.
Conclusión
El problema del “ser y el parecer”, que Wardropper describe como una realidad donde “todo es hipocresía” (446), revela la desconexión entre la esencia y la apariencia en distintas épocas históricas. El escudero de La vida de Lazarillo de Tormes personifica esta tensión, aferrándose a una fachada de nobleza que no posee, mientras lucha por sostener su honor en un entorno que valora más las apariencias que la verdad. Este ideal, originalmente planteado por Castiglione en su visión del “perfecto cortesano”, se degrada con el tiempo, como señala Granja Ibarreche, en una nobleza “adulterada” que pierde sus virtudes esenciales y se convierte en un reflejo vacío de lo que alguna vez representó (242). En el caso del escudero, su obsesión por la honra lo aísla y lo condena a vivir en un mundo de ilusiones, donde la pobreza lo define más que su supuesto estatus, y su vanidad se convierte en un obstáculo para enfrentar la realidad, como explica Weiner (419).
En el contexto moderno, esta lucha entre la apariencia y la esencia persiste, ejemplificada en la historia de Anna Sorokin, conocida como Anna Delvey, quien, al igual que el escudero, construye una identidad basada en la falsedad para encajar en una sociedad obsesionada con el estatus y la riqueza. La crónica de Pressler evidencia cómo, al igual que en el siglo XVI, las apariencias siguen siendo una moneda de cambio para la aceptación social, aunque eventualmente estas se desmoronen, dejando al descubierto la fragilidad de una vida construida sobre el engaño. Tanto el escudero como Anna terminan pagando un alto precio por su hipocresía, la pérdida total de aquello que intentaron proyectar.
A través del análisis de Castiglione y Della Casa, podemos ver cómo la obsesión por la honra y el comportamiento cortesano conforman los ideales sociales que guían a personajes como el escudero y de cierta manera a Anna Sorokin. Ambos casos evidencian cómo las estructuras sociales, lejos de ser incorruptibles, fomentan la desconexión entre el ser y el parecer, perpetuando la hipocresía como un fenómeno universal y atemporal, que se manifiesta de forma concreta, según las circunstancias (políticas, económicas, sociales, etc.) de cada sociedad.
Obras citad
Anónimo. La vida de Lazarillo de Tormes y de sus fortunas y adversidades. Edición de Burgos, 1554.
Castiglione, Baldassare. El cortesano. Alianza Editorial, 2008.
Della Casa, Giovanni. Galateo. Ediciones Cátedra, 2003.
Granja Ibarreche, Xabier. “Towards an Enlightened Disilllusionment: Renaissance Moralistic Treatises and the Adulteration of Spanish Noble Values”. Dieciocho: Hispanic enlightenment 44.2 (2021): 227-248. Dialnet, https://dieciocho.uvacreate.virginia.edu/44.2/2.Granja.44.2.pdf. Accessed 25 Nov. 2024.
La Santa Biblia. Versión Reina Valera Revisada 1960. Rev. Cipriano de Valera. Sociedades Bíblicas Unidas. 2016. Impreso.
Pressler, Jessica. “Maybe She Had So Much Money She Just Lost Track of It”. New York Magazine, The Cut. 2018. Updated. Feb. 8, 2022. https://www.thecut.com/article/how-anna-delvey-tricked-new-york.html. Accessed 24 Sept. 2024.
Sabat de Rivers, Georgina. “La moral que Lázaro nos propone”. MLN, vol. 95, no. 2, 1980, pp. 233–51. JSTOR, https://doi.org/10.2307/2906614. Accessed 25 Sept. 2024.
Wardropper, Bruce W. “El trastorno de la moral en el Lazarillo”. Nueva Revista de Filología Hispánica, vol. 15, no. 3/4, 1961, pp. 441–47. JSTOR, http://www.jstor.org/stable/40297541. Accessed 25 Sept. 2024.
Weiner, Jack. “Una incongruencia en el tercer tratado de ‘El lazarillo de Tormes’: Lázaro y el escudero en el río”. Romance Notes, vol. 12, no. 2, 1971, pp. 419–21. JSTOR, http://www.jstor.org/stable/43802455. Accessed 24 Sept. 2024.