Savannah Wanebo
Baylor University
Al leer algunas obras de Miguel de Cervantes y Pérez Galdós, se hace evidente que Galdós encontró mucha inspiración para sus propias obras, pero los varios estudios literarios que conectan estos autores no usan ni reconocen ejemplos de conexiones en “La novela en el tranvía.”1 Sin el análisis de este texto, no hay una visión completa de la verdadera influencia que Cervantes tuvo en la obra de Galdós, ni tampoco de una fascinante obra literaria que habla de la modernidad del siglo XX. Entonces, en este ensayo, demostraré que “La novela en el tranvía” incorpora elementos cervantinos como el loco, la permeabilidad entre realidad y ficción, y metaficción.
Germán Gullón, en su artículo sobre la presencia de aspectos cervantinos en las obras de Galdós, declara que hay tres características claves que definen la literatura de Cervantes: “la capacidad de la imaginación para superar las adversidades”, “sutileza formal… que vien[e] a indicar que la realidad puede ser cortada de diferentes maneras” y “la novedad en la manera de contar la obra” (Gullón 33). Si bien estos son fieles al repertorio general de las obras de Cervantes, es necesario redefinir estos pilares en términos de El ingenioso caballero Don Quijote de la Mancha (usaremos un título abreviado, Don Quijote).
Tras analizar la totalidad de este prolífico y legendario texto, se puede afirmar que hay tres factores definitorios que caracterizan a Don Quijote: el uso del “loco,” la permeabilidad entre realidad y ficción, y la metaficción. Estos tres pilares crean el Partenón cervantino al que peregrinan los lectores de la literatura española. Además, los encontraremos en “La novela” de Galdós, escrita más de 200 años después. De este modo, a través de los temas superpuestos de “el loco”, la permeabilidad de la realidad, y la metaficción, “La novela en el tranvía” funciona como una reacción quijotesca contra la modernización en la España del siglo XIX.
Para este estudio, interpretamos la modernización como un movimiento social que se aparte de la tradición y, por eso, cambia la realidad. Esta definición es muy importante porque ambas obras funcionan como reacciones alegóricas contra la modernización de su propio tiempo. La idea de usar la perspectiva de la modernidad para comparar Don Quijote y “La novela” surgió de la interacción iónica de Don Quijote con los molinos de viento. Este y más episodios como los mazos de batán, la cabeza encantada, o Clavileño el Alígero, sirven para representar la constante modernización y difusión de la tecnología en el siglo XVII, además de mostrar la actitud del autor hacia el la modernización. Cada uno de los tres pilares quijotescos mencionados arriba tiene una interacción diferente con la modernización, como se destacará en este ensayo.
El primer pilar está basado en un arquetipo muy famoso de la literatura española: “el loco,” alguien que no está en contacto con la realidad o que hace cosas fuera de lo normal. Caminals-Heath, en su ensayo enfocado en algunos “locos” de la literatura española, declara que “everyone knows that the most famous character in Spanish literature is a madman” (Caminals-Heath 53), atribuyendo a Cervantes el prototipo de este arquetipo por el personaje de Don Quijote. Este es el hidalgo del siglo XVII y protagonista de Don Quijote que leyó tantos libros caballerescos que “se le secó el cerebro” y, por eso, creyó que él mismo era un caballero andante (Cervantes I.I). Entonces, se pone claro que Don Quijote no está en su sano juicio, ya que su cerebro se secó. Además, por esa creencia, se embarca en muchas aventuras con su escudero casi igualmente ilusorio, Sancho Panza, para restaurar gloria y fama al gran puesto del caballero andante.
Así, desde el principio, Cervantes les muestra implícitamente y les dice explícitamente a los lectores que Don Quijote está loco. De hecho, ese ni siquiera es su verdadero nombre—Alonso Quijano es el hidalgo que se transforma en “Don Quijote.” Toda la gente que lo conoce en la novela sabe o se da cuenta rápidamente de que Don Quijote está loco, y muchas veces lo dicen en voz alta. No solo el narrador se refiere a Don Quijote como loco, sino también el ama que habla de “su locura” (Cervantes I.V), el cura que declara que “parec[e] sin juicio” (Cervantes I.VI), Sansón Carrasco que observa que “está tan loco, tan falto de juicio” (Cervantes II.III), y Sancho muchas veces por toda la novela. No importa cuán cercanas sean las personas a él en sus relaciones, como amigos íntimos o completamente desconocidos, porque su insensatez es tan evidente por sus acciones.
Mientras que es importante reconocer la locura demostrada y observada de Don Quijote, la característica definitoria de “el loco” es algo interior: la obsesión. A primera vista, la fijación de Don Quijote es la restauración de la práctica de la caballería andante. Sin embargo, esto se basa, en última instancia, en su deseo de hacer que el mundo sea un lugar mejor—“acometer el mundo, deshaciendo todos los agravios y enderezando tuertos, y enmendando sinrazones y mejorando abusos y satisfaciendo deudas” (Cervantes I.II). Él está tan obsesionado con los valores caballerescos que se convence a sí mismo que son reales y que el mundo todavía cree en estos libros—algo que no es verdad.
Si Don Quijote es el arquetipo del loco español, el narrador de “La novela en el tranvía” es su hermano menor del siglo XX. En este cuento, hay un hombre que encuentra y lee un folletín en un tranvía sobre una condesa rodeada de hombres malos. Su mayordomo, Mudarra, que está enamorado de ella, la chantajea por un secreto que él sabe: que ella tiene una relación ilícita con otro hombre. Pero el narrador no sabe lo que pasa en la historia después de la parte escrita en el papelito al principio de la novela porque la página está rasgada. Vemos su locura rápidamente porque, a medida que este hombre se involucra más en la historia, comienza a ver su vida dentro de y a través de la ficción, poniéndose a sí mismo en el papel de detective.
Por eso, este narrador sin nombre tiene las mismas dos características de Don Quijote que ya comentamos: locura demostrada mezclada con manía interior inspirada por la literatura. A lo largo de la novela, otros personajes se refieren a la insania del narrador galdosiano varias veces y en dos idiomas (español e inglés): se usa “loco” tres veces y “lunatic” tres veces. Aunque no está vestido de caballero andante, el narrador mira fijamente a otros viajeros, escucha a escondidas otras conversaciones, y se murmura a sí mismo en voz baja. Estos son claros indicios de su trastorno, combinado con la obsesión.
Aunque la trama de esta obra tiene lugar casi 200 años después de la de Don Quijote, las fijaciones son perfectamente paralelas. En vez de convertirse en caballero andante después de leer un libro caballeresco, el narrador galdosiano se convierte en detective después de leer una relato melodramático. Entonces, la manía empieza con la literatura, y está afirmada por coincidencias con la realidad, las cuales exploraremos a continuación. Se hace tan aparente su locura que el narrador la reconoce por su confesión de que a “tal extremo había llegado mi obcecación” que se olvidó de la realidad (Pérez Galdós 199). Por la combinación de tomar literalmente lo que encuentra en un texto literario y obsesionarse con ello, demuestra la base quijotesca que usa Galdós para su narrador.
Lo clave en Don Quijote y “La novela” es que ambos personajes locos se encuentran a sí mismos en conflicto entre lo que leen y lo que es real. En estos textos, la literatura es representativa de lo antiguo, mientras tanto los cambios sociales representan lo moderno. Entonces no es una casualidad que ambas obras se publicaron en contextos de modernización por innovaciones tecnológicas—los molinos en Don Quijote y el tranvía en “La novela.”
Claro, los molinos no eran nuevos en la España del siglo XVII, pero tras siglos de desarrollo, se hicieron más comunes durante esta época (Reed 65-80);2 quizás esta es la razón por la cual Don Quijote tiene interacciones tan confusas con ellos. Por otra parte, el tranvía a caballo en España se creó el mismo año que se publicó “La novela en el tranvía” (Delgado 2). Además, había nuevas maneras en que estos protagonistas podían interactuar con la literatura por la tecnología: la imprenta (en el siglo XVII) y el folletín (en el XIX).
Como los molinos, la imprenta no era nueva en el siglo de Cervantes, pero era nueva para Don Quijote, quien se encuentra con una en la segunda parte de la novela. En el siglo XIX, el folletín era una nueva manera de contar cuentos por publicarlos en capítulos dentro del periódico (Martí-López 65-80). Ahora, ambos personajes no sólo pueden leer historias fantásticas, sino releerlas una y otra vez, encontrándose así absorbidos en una realidad literaria imaginativa y distrayéndose de las personas en frente de sus caras. Entonces, Don Quijote y el narrador galdosiano tienen interacciones incómodas en torno a la tecnología: Don Quijote, literalmente, es volcado por los molinos, el narrador galdosiano pierde toda etiqueta social en el tranvía, y ambos son hechizados al tener la literatura popular en sus manos.
Estos ejemplos negativos no sólo confirman su locura, sino que muestran cómo la tecnología está confundiendo los hábitos previos y la realidad a la que cada personaje está acostumbrado. Ambos personajes tienen que adaptarse al mundo modernizador en el que viven, representado por el cambio del uso de los libros para interpretar la realidad al uso de la tecnología. Entonces, se puede afirmar que Don Quijote y el narrador reflejan una reacción adversa a la modernización, porque las innovaciones modernas los llevan a la insensatez.
Estas reacciones adversas son apoyadas por el segundo pilar cervantino: la permeabilidad entre realidad y ficción. Uso la palabra “permeabilidad” para expresar la interferencia entre realidades literarias y la vida real. La permeabilidad de la realidad es una estrategia literaria en que el autor crea situaciones ambiguas que a menudo desafían las normas y expectativas sociales. Esta estrategia está por todo el canon de Cervantes. En el travestismo en una obra como “Las Dos Doncellas,” Cervantes emplea el travestismo para confundir las realidades de los amantes, funcionando para burlar de roles societales. Un otro ejemplo es la teatralidad en “La Cueva de Salamanca,” en que la distorsión de realidad sirve para mostrar que la mentalidad de rebaño es algo desorientado y ridículo. De hecho, Cervantes emplea la confusión de la realidad para explorar los efectos de modernización. Además, Don Quijote y, por inspiración de Cervantes, “La novela” contienen varios ejemplos de esta permeabilidad, específicamente en el área de la identidad.
Ninguna de estas obras tendría una trama si no fuera por la permeabilidad de la identidad del personaje principal. En realidad, ambas historias comienzan como resultado de un importante cambio de rol en el protagonista. Cuando Alonso Quijano decide nombrarse caballero con nombre Don Quijote, como leía en sus libros de caballerías, y también asume lo que él entiende que son los roles y responsabilidades de la caballería andante. De la misma manera, el narrador galdosiano sin nombre, al leer sobre la angustia de la condesa en el folletín, pasa de ser un lector pasivo a ser el detective de la historia. Así, el segundo pilar cervantino se basa en el primero: el loco se crea a partir de un cambio de identidad personal.
Sin embargo, es importante reconocer que hay momentos de lucidez dentro de estos cambios de identidad en los que el protagonista es devuelto bruscamente a la realidad de su condición original. Por ejemplo, en la primera parte de Don Quijote justo después de la salida de Don Quijote en su primera aventura, Cervantes cuenta que había “un labrador vecino” de Don Quijote, que se dirige a él con referencia a su rol original: “Señor Quijano—que así se debía de llamar cuando él tenía juicio y no había pasado de hidalgo sosegado a caballero andante—, ¿quién ha puesto a vuestra merced desta suerte?” (Cervantes I.V). La apelación a su antiguo yo altera su identidad fantástica y lo saca brevemente de su fantasía y lo lleva de nuevo al mundo real.
Mientras tanto, no hay un momento explícito en que alguien reconozca al narrador e irrumpa en su nueva identidad de “La novela.” En su lugar, todas las personas que se refieren a él como un loco implican que no está comportándose como de costumbre y le causan dudas en su proceso de pensar, específicamente sobre su posición como detective y, por eso, su habilidad de ayudar a la condesa. Aunque los viajeros del tranvía declaran que él está loco, el narrador está tan enredado con la historia que rechazó las declaraciones: “Yo continuaba tan dominado por aquella idea, que en vano quería serenar mi espíritu, razonando los verdaderos términos de tan embrollada cuestión. Pero cada vez eran mayores mis confusiones” (Pérez Galdós 198), porque ahora no estaba seguro de lo que ha pasado, ni si podría resolverlo. Entonces, ambos personajes se mueven entre sus nuevos y psados roles a través de recordatorios explícitos de quiénes eran antes, al tiempo que generan dudas y desilusión dentro de su identidad nueva.
Lo más importante de la permeabilidad cervantina de la realidad es que es verosímil: que algo no sea verdad no significa necesariamente que no pueda serlo. Esto se resume en un artículo crítico sobre los orígenes del realismo dinámico en la obra cervantina de Galdós: en la permeabilidad de realidad “se mezclan elementos de construcción típicamente realistas y no realistas, pero debidamente verosimilizados” (Escalera 121). Entonces, para creer una realidad imaginada, Galdós necesita incluir aspectos verosímiles, o cosas que podrían ser fieles a o imitaciones de la vida real.
Se encuentra un ejemplo perfecto de esto en la tercera parte de “La novela.” En su manía detectivesca, el narrador ve a un hombre en el tranvía que coincide con la descripción de Mudarra y sostiene una carta igual que la del cuento. Por eso, el narrador declara que “era él Mudarra, el mayordomo en persona… reconoció las facciones cuya descripción había leído” (Pérez Galdós 182). Aunque se trata de una mera coincidencia, el hecho de que un ser humano real se alinee perfectamente con el personaje de la historia crea una asociación interpretativa para el narrador, donde el libro se vuelve real, incluso más real de lo que ya creía.
El episodio quijotesco que probablemente sirvió como esquema para esta interacción es cuando Don Quijote encuentra a un hombre en el bosque, Cardenio, que tiene una historia que tiene muchas semejanzas con lo que él ha leído en sus libros de caballería—temas de amor, traición, locura. Porque la vida real de Cardenio se parece tanto a las historias leídas, Don Quijote cree que “el cielo ha ordenado que yo comience a hacer penitencia en este lugar apartado” (Cervantes I.XXIII-XXV). Por la coincidencia de conocer una historia real de una injusticia que solamente podría ser arreglado por un caballero andante, Don Quijote cree que la historia de Cardenio confirma la necesidad de tener caballeros andantes en su mundo real.
Al analizar estos ejemplos, vemos que la función del segundo pilar cervantino es doble: afirmar al loco en su manía y afrontarlo con una nueva realidad moderna. Después de las interacciones destacadas, ambos protagonistas se vuelven más decididos en sus caminos a medida que verosimilitudes en la realidad refuerzan su locura.
Además, estos ejemplos demuestran cómo los personajes están anclados en las Wanebo 9 costumbres de los libros. En lugar de afrontar la realidad, dando un paso atrás y reconocer que el amor no correspondido no solo ocurre en los libros de caballerías y que los personajes humanos de los libros parecen humanos, estos hombres ven lo que quieren ver. Sus obsesiones desquiciadas los llevan a crear aventuras imaginarias cuando, en realidad, Cardenio es sólo un loco enamorado y el hombre que se parece a Mudarra probablemente tiene una carta de una amada. La confusión que resulta de estas interacciones, en última instancia, refleja cómo estos hombres se aferran a la esperanza de ser caballeros y héroes en lugar de modernizarse con el resto de la sociedad. Dentro del segundo pilar, se aferran a la ficción para evitar los efectos fríos y aleccionadores de la modernidad de la vida real.
Esto nos trae al pilar final, la metaficción. La metaficción se define como “ficción dentro de la ficción” (Escalera 124). Es la manera en que los autores entrelazan temas y tramas a lo largo de un cuento. Tanto Don Quijote como “La novela en el tranvía” emplean esta estrategía literaria para señalar las relaciones entre los personajes como individuos y su contexto social.
Don Quijote es una novela llena de metaficción—es una de las características que lo impulsó a la fama literaria eterna. Cada capítulo trae personajes con sus propias vidas y, por eso, aventuras que añaden a la trama y funcionan como cuentitos en la vida de nuestro caballero andante. Algunos ejemplos de esta estrategia incluyen el cura y el barbero leyendo y analizando libros de caballería, el curioso impertinente, y, quizás lo más ingenioso, Sancho leyendo el manuscrito publicado de sus propias aventuras.
La metaficción más extendida es el cuadrángulo de amor en la primera parte de Don Quijote. Recuerde el Cardenio ya mencionado, el loco de las montañas con su vida que parece como un libro caballeresco. Lo que no sabíamos cuando lo conocimos es que la subtrama Wanebo 10 provocada por el deseo de Don Quijote de ayudar a Cardenio permanece con nosotros desde el capítulo 23 al 38. De hecho, el propio narrador introduce este episodio como si fuera una narración independiente dentro de la novela cuando se refiere a su vida como una “triste historia,” y continúa narrando a su propia vida como si fuera una leyenda (Cervantes I.XXIV). Por el curso de la trama de reunir a Cardenio con su amante, conocemos a Dorotea, Luscinda, y Fernando. La historia de este cuadrángulo de amor es una cuentito dentro de la trama más grande de la novela, y funciona para mantener a Don Quijote en contacto con la realidad por mantener interacciones con otras personas.
Como se estableció anteriormente, esta es exactamente la trama de “La novela.” La vida del narrador se entrelaza con las vidas ficticias que encuentra en el folletín. El narrador cree que ha visto a Mudarra “en persona, sentado frente de mí” (Pérez Galdós 182); el amante de la Condesa “D. Rafael en persona” (191); y más el perro “que había visto recostado a los pies de la Condesa”, aunque son personajes del folletín (193). Esta metaficción se funde con la realidad al interactuar con varios pasajeros del tranvía para descubrir qué le sucedió a la condesa. Galdós incluye a muchos desconocidos que comparten, aunque fuera de contexto, historias que se alinean con la trama del folletín—una metaficción que enfatiza una realidad permeable. De hecho, historias verosímiles inspiran al narrador a proyectar la ficción sobre la realidad de forma similar a Don Quijote.
Lo interesante del empleo de esta definición operativa de la metaficción por parte de Cervantes y, por inspiración, Galdós es que los personajes se quedan para sus propios episodios y después se van. Esta idea se expresa explícitamente en “La novela” cuando el narrador está sentado en el tranvía camino a su destino:
Es singular este breve conocimiento con personas que no hemos visto y que Wanebo 11 probablemente no volveremos a ver. Al entrar, ya encontramos a alguien; otros vienen después que estamos allí; unos se marchan, quedándonos nosotros, y por último también nos vamos. Imitación es esto de la vida humana, en que el nacer y el morir son como las entradas y salidas a que me refiero (Pérez Galdós 177).
Esta cita muestra al narrador percibiendo que el tiempo parece pasar diferente dentro del tren. Él reconoce cómo el tren entrelaza las vidas de muchas personas, aunque sea por un instante. Además podría decirse que el narrador se da cuenta de que esta nueva tecnología parece acelerar y a la vez acortar las interacciones humanas: en lugar de caminar a lugares en compañía, uno viaja en tranvía, mira por la ventana, y llega a su propio destino. Es una creación orientada a resultados que enfatiza al individuo; de hecho, el desarrollo tecnológico y el individualismo son marcadores de la modernización en España. Quizás esto es por qué tanto Don Quijote como el narrador recurren a la literatura en busca de consuelo: en los libros hay comunidad, magia, justicia y tiempo.
Es dentro de estos anhelos idealistas de los protagonistas donde vemos la disonancia cognitiva que se produce cuando la realidad se enfrenta a la imaginación por la metaficción: cuando los gigantes son sólo molinos en Don Quijote, cuando la víctima del tiroteo no fue la condesa sino el perro de otro viajero en La Novela. Las historias metaficcionales, por lo tanto, buscan generar desengaño. Los autores entrelezan personajes reales para devolver a los protagonistas a la realidad; de hecho, con cada interacción real, la realidad imaginada de los protagonistas se vuelve más inestable y su disonancia cognitiva aumenta. Comienzan a ver que usar libros para interpretar una realidad en constante cambio y modernización no funciona, ya que siguen demostrando que están equivocados en sus creencias fantásticas. Entonces, se hace evidente que las interacciones interpoladas dentro de contextos modernizadores en cada obra crean desilusión y, por la renunciación de la fantasía al final de cada texto, llevan a Don Quijote y al narrador galdosiano a la realidad.
Por los tres pilares que hemos analizado, se pone muy claro que “La novela en el tranvía” toma inspiración de las obras de Cervantes, específicamente El ingenioso caballero Don Quijote de la Mancha. Don Quijote provee un armazón para una obra que tiene lugar en una sociedad cambiante. Entonces, “La novela” es un comentario sobre la modernización en el siglo XIX. Vemos cómo los cambios modernos enfatizan el individualismo a través de desarrollos tecnológicos que afectan de manera negativa a la gente—dos características centrales que ya hemos destacado de la modernidad española—por la imprenta y en el tranvía en sí mismo. Con la imprenta, se podría diseminar la literatura como el folletín por una manera más rápida y extendida. Ahora se podía compartir la literatura casi tan rápido que se consumía la gente, creando un nuevo tipo de sobrecarga de información y adicción al acceso de información rápida, lo que podemos ver en el anhelo obsesivo del narrador de saber más de la Condesa. El individualismo entra aquí por un enfoque en la información en vez de enfocarse en la gente, las relaciones, y la vida real que rodea.
Además de esto, el tranvía también crea un nuevo individualismo por acceso. Ahora, la gente puede ir a lugares nuevos con caras constantemente cambiando por viajeros entrando y bajando, como destacado en el monólogo interno de parte II de “La Novela.” El narrador observa los “breve[s] conocimiento[s]” entre pasajeros por las entradas y salidas del tranvía y que “sigue corriendo el vehículo, remedo de la vida humana… siempre corriendo, corriendo sobre las dos interminables paralelas de hierro” (Pérez Galdós 177). Vemos la rapidez de la vida cotidiana facilitada por el tranvía, además los paralelos con la vida y el tiempo en general. La tecnología mostrada en este cuento enseña que, si siempre hay algo cambiando y acceso a lo nuevo, no hay vida del momento: no hay relaciones entre viajeros, solo son caras y cuerpos, porque el individualismo moderno crea aislamiento. Hay una crítica concreta por parte de “La novela” sobre los efectos negativos de la modernización de su época.
De hecho, los pilares exponen de forma más extensa el impacto de las interacciones con la modernidad. El tropo de “el loco” es interno, la permeabilidad de la realidad es individual y, finalmente, la metaficción se desarrolla a nivel multipersonal o social. Digo esto queriendo decir que la locura de Don Quijote y el narrador galdosiano muestran la batalla interna para reconciliarse con la modernización, la permeabilidad de la realidad sirve para mostrar cómo el individuo se desplaza entre las realidades de la modernidad y la antigüedad, y la metaficción muestra las interacciones que dan sentido a un mundo que se moderniza.
Entonces, cada nivel expresa un choque con la modernidad por parte de la tradición literaria para mostrar la vacilación de Cervantes y Galdós ante la modernización porque hace que los seres humanos se olviden de su propia humanidad. Los personajes, sobre todo Don Quijote, de Don Quijote caminan por un mundo en rápida modernización—de molinos de viento, máquinas y libros impresos—buscando una conexión humana genuina de maneras torpes y a menudo equivocadas. Don Quijote no sabe cómo conciliar la modernización que se extiende a las zonas más pequeñas y rurales de España con sus ansias de justicia y honor, lo que lo lleva a una locura idealista, el primer pilar, en un intento por restaurar estos valores de esta realidad disonante, el segundo pilar. Sus aventuras caballerescas son, en última instancia, un intento de dar sentido a su mundo en transformación y conectar con los demás, el tercer pilar.
De una manera casi igual, el narrador sin nombre de “La novela en el tranvía” choca con la modernización. Al principio de la historia, encontramos los pensamientos del narrador con Wanebo 14 temas existenciales relacionados con el aislamiento, tecnología, y la muerte. ¿Su consuelo? Simular estar en una novela policiaca para evitar las aburridas e inevitables realidades de la vida, para luego intentar sustituir esas realidades por la del folletín (los primeros dos pilares). Sus intentos por resolver la historia de la condesa expresan su anhelo de formar parte de la humanidad de una manera que trascienda, una que defienda valores como la justicia y la verdad. Este deseo le permite, como a Don Quijote, interactuar de forma incómoda con otros humanos para comprender una realidad que opera desde el individualismo y la tecnología (el tercer pilar). Así, ambas obras muestran personajes que lidian con la disonancia cognitiva que surge de cambios en la realidad.
Claro, no se oponen completamente a la modernidad, ya que ambos personajes renuncian a sus fantasías en sus respectivas tramas para aceptar su realidad moderna, pero los efectos negativos que cada obra muestra sirven como una advertencia para el lector. Por lo tanto, “La novela en el tranvía” es una reacción quijotesca que advierte contra la modernización demasiado rápida, para que no olvidemos la humanidad ni las conexiones humanas. Cada pilar funciona, no sólo para tender un puente entre las obras de Cervantes y Galdós, sino también para impartir una lección sobre la humanidad en un mundo en constante cambio. Quizás, si podemos aferrarnos a las virtudes de los caballeros y detectives, a la fantasía de los gigantes y las condesas, a mundos donde prevalece la justicia, podremos recordar nuestra humanidad en un mundo en constante modernización.
1 Consúltense Gullón, Warshaw
2 Una idea además confirmada por el libro de Reed, Cervantes, Technology, and the Novel: An Aesthetic of Instrumentality in Don Quijote, que sería publicado después de su conferencia.
Obras citadas
Caminals-Heath, Roser. “The Madman in Spanish Literature: Cervantes and Pérez Galdós”. Mid-Hudson Language Studies, vol. 8, 1985, pp. 53–62.
Cervantes Saavedra, Miguel de. El ingenioso caballero Don Quijote de La Mancha. 1605, 1615. Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, 1999, www.cervantesvirtual.com/obra-visor/el-ingenioso-hidalgo-don-quijote-de-la-mancha-6/h tml/.
Delgado, Miguel A. “50 Aniversario Del Primer Tranvía de Madrid”. Consorcio Regional de Transportes de Madrid, mayo de 2021. https://www.crtm.es/media/bmgiofkm/150_aniversario_1er_tranvia_madrid.pdf
Escalera Cordero, Matías. “‘La novela en el tranvía’: Los orígenes del realismo dinámico, crítico y cervantino de Galdós.” Verba Hispanica, vol. 28, núm. 1, 22 dic. 2020, pp. 117–131, https://doi.org/10.4312/vh.28.1.117-131.
Gullón, Germán. “La presencia de Cervantes en Galdós”. Siglo Diecinueve: Literatura Hispánica., núm. 10–11, 2005, pp. 33–41, https://doi.org/10.37677/sigloxix.vi10-11.237.
Martí-López, Elisa. “The Folletín: Spain Looks to Europe”. The Cambridge Companion to the Spanish Novel: From 1600 to the Present. Ed. Harriet Turner y Adelaida López de Martínez. Cambridge UP, 2003. 65–80. https://www.cambridge.org/core/books/abs/cambridge-companion-to-the-spanish-novel/f olletin-spain-looks-to-europe/9B9480D5F7FF5A815B8309EED65B842D
Pérez Galdós, Benito. “La novela en el tranvía”. 13 cuentos, editado por Esteban Gutiérrez Díaz-Bernardo, Editorial EDAF, 2001, pp. 171-202.
Reed, Cory A. “Cervantes, Technology, and the Novel.” Jornadas científicas. 11 abril de 2025, Baylor University. Conferencia.
_. Cervantes, Technology, and the Novel: An Aesthetic of Instrumentality in Don Quixote. U of Toronto P, 2025.
Warshaw, J. “Galdós’ Indebtedness to Cervantes.” Hispania, vol. 16, núm. 2, 1933, pp. 127–42. JSTOR, https://doi.org/10.2307/332719.